Neuroinflamación, dolor y trastornos psiquiátricos

  • 17 septiembre, 2018
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Inflamación

La inflamación juega un papel importante en el proceso de la enfermedad. La pérdida de la regulación de la inflamación por parte del sistema inmune conduce a la inflamación crónica. Con ello, resulta en un aumento en los niveles de marcadores inflamatorios en sangre que incluye las citoquinas y el reactivo de fase aguda proteína C reactiva (CRP).

El proceso inflamatorio puede seguir muchas cascadas celulares diferentes. Su resolución es compleja y dependiente de estímulos y procesos tisulares específicos. Esto es especialmente evidente en el sistema nervioso.

Neuroinflamación

La inflamación del sistema nervioso (denominada neuroinflamación) ha demostrado desempeñar un papel fundamental en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson, la lesión cerebral traumática y el accidente cerebrovascular.

Lo que se ha descubierto más recientemente es que enfermedades que se atribuían a una desregulación de los sistemas de neurotransmisores, como los trastornos del estado de ánimo (incluida la depresión y la ansiedad), la esquizofrenia, y el dolor crónico, ahora parecen compartir la neuroinflamación como un elemento clave.

Neuroinflamación, trastornos psiquiátricos y dolor

La neuroinflamación es un proceso complejo. Involucra tanto al Sistema Nervioso Periférico como al Sistema Nervioso Central. Representa un rico caldo de cultivo del que subyacen diversos trastornos del sistema nervioso central, incluida la depresión, la ansiedad, la esquizofrenia y el dolor. Los factores estresantes como el sufrimiento perinatal, el estrés psicosocial y la infección, parecen promover un fenotipo proinflamatorio en la microglía.

Episodios posteriores de inflamación podrán impulsar una respuesta neuroinflamatoria exagerada. Ello implica la regulación positiva de los mediadores proinflamatorios. Esta situación se asocia con la disfunción del sistema nervioso central.

Opciones de tratamiento de a neuroinflamación

Varios inhibidores farmacológicos de las citoquinas proinflamatorias, incluyendo TNF-α e IL-1β, muestran una buena eficacia clínica, al mejorar los procesos neuroinflamatorios. Otras intervenciones como la educación, la meditación, el yoga, los ejercicios de respiración… también han demostrado que reducen las citoquinas proinflamatorias, y tienen un impacto positivo en la depresión, la ansiedad, la cognición y el dolor.

A medida que las intrincadas conexiones entre el sistema inmune y el sistema nervioso continúen siendo dilucidadas, las terapias exitosas para la reducción de la neuroinflamación probablemente asuman un enfoque integrado que combine el tratamiento farmacológico con intervenciones no farmacológicas.

La fisioterapia del dolor disfuncional, basada fundamentalmente en la educación, juega su valioso papel en este enfoque.

Tratamiento del dolor crónico

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