Drogas

  • 8 octubre, 2015
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Dentro de la información relevante que muchas veces debemos recolectar en nuestro examen subjetivo, encontramos el tema del consumo de drogas. Suele resultar incómodo, y muchas veces percibido como improcedente por parte del paciente. Pero en muchas ocasiones nos aporta las piezas que faltan para complementar el complejo puzzle detrás de la condición clínica del paciente.

La razón por la cual nos interesa si el paciente está consumiendo algún tipo de sustancia o preparado medicamentoso de efecto estimulante, deprimente, narcótico o alucinógeno, como el alcohol, tabaco, cocaína, y otras sustancias psicotrópicas, escapa mucho de temas moralistas y recomendaciones superficiales. Por ejemplo, uno de los aspectos que se relaciona con el consumo de drogas es la calidad de la reparación de los tejidos, de esos tejidos qué intentamos rehabilitar para que vuelvan a cubrir su función con normalidad.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), droga es toda sustancia que introducida en el organismo por cualquier vía de administración, produce de algún modo una alteración del natural funcionamiento del sistema nervioso central del individuo y además es susceptible de crear dependencia, ya sea psicológica, física o ambas.

Vamos a revisar el efecto conocido de tres de las drogas más comunes.

Alcohol

El consumo excesivo de alcohol aumenta el riesgo de osteoporosis, así como de cirrosis hepática, y de enfermedades neurodegenerativas. También puede causar osteonecrosis, y las consiguientes fracturas patológicas. El alcohol también se relaciona con una percepción alterada del dolor y la fatiga, que puede influir en la forma en que administramos y progresamos las técnicas y ejercicios durante la rehabilitación. Por supuesto, el alcohol interacciona con muchos otros medicamentos, pudiendo modificar la respuesta a los mismos.

Tabaco

El tabaco presenta importantes efectos negativos sobre la salud cardiovascular y gastrointestinal, y se considera un factor de riesgo de osteoporosis. El consumo abusivo del tabaco ha demostrado un efecto importante sobre la reparación de los tejidos músculoesqueléticos, retrasando considerablemente los plazos de curación. Como ejemplo de este efecto, el hábito tabáquico se considera un factor de pronóstico desfavorable en el dolor del brazo a 12 meses.

Cocaína y anfetaminas

La cocaína y las metanfetaminas incrementan la producción de adrenalina, lo que genera una vasoconstricción sistémica y con ello elevación de la presión arterial. Su consumo se ha asociado con elevado riesgo de ictus, rotura aórtica y edema pulmonar.

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