Emociones

  • 12 mayo, 2014

Son algo así como una precipitación de nuestro sistema límbico.

Adelantándose al filtrado racional de la realidad y sus acontecimientos, las emociones son unas celerosas invitaciones a la acción, unas animosas propuestas de resolución rápida de conflictos, una simplificación del complejo proceso de toma de decisiones.

OSTEON emotions

La amígdala y otras empapadas (literalmente) áreas encefálicas sugieren, en forma de emoción, un sentimiento y unos pensamientos, con sobrada capacidad para modificar los estados biológicos, los estados psicológicos y el tipo de propensión a la acción que caracteriza a todo este desbarajuste. Estas áreas del sistema nervioso enrolan y enredan sus contactos para secuestrar el calculado y metódico razonamiento en las más variopintas situaciones.

Ira, tristeza, miedo, alegría, amor, sorpresa: aversión, vergüenza,… ¿Enemigas?,… no.

Han servido y sirven a los seres vivos que de ellas disponen durante siglos, y lo seguirán haciendo durante muchos más. Han permitido la supervivencia, por ejemplo en esos momentos en los que calcular las atmósferas de presión que la pata de un mamut en estampida podría ejercer sobre nuestro tórax, se plantaba como harto inútil, y lo más provechoso parecía gritar de forma despavorida y poner pies en polvorosa sin mucho más miramiento.

Puede ser que igual de útiles, en estos días en los que el susto gordo nos lo llevamos más con los políticos que con los mamuts, no acaben de ser. Especialmente improductivas las perciben aquellos inmersos en un proceso de depresión, de un duelo, de una ruptura sentimental. Por otro lado, nadie niega que los sentimientos que nos regala el amor, ese estado con cara de pánfilo que se nos queda cuando vemos sonreír a un bebé, sean minucias de las que queramos prescindir.

En los últimos años, y quizás con un avispado Daniel Goleman como artífice de su expansión, se ha hablado mucho de la inteligencia emocional. Cierto es que el coeficiente intelectual, como medidor de ese cerebro racional que tantas alabanzas siempre ha recibido, poco o nada se ha relacionado con una mayor felicidad, ni siquiera con un mayor éxito en la vida. Las personas con más capacidad de autocontrol, aquellos capaces de gestionar adecuadamente sus emociones e impulsos conflictivos, con habilidad para adaptarse a la diversidad de situaciones sociales de forma camaleónica, permaneciendo respetuoso para con el resto y a la vez sincero y honrado para con sus cogniciones y valores, aquellos elegantes exhibicionistas de inequívoca asertividad, esas personas son las que mayor éxito han alcanzado en sus vidas.

La inteligencia racional, sin inteligencia emocional, parece no otorgar demasiadas glorias y satisfacciones.

Parece, visto lo visto, razonable y racionalmente rentable, invertir en herramientas que nos permitan nutrir el autocontol y reconocer nuestras emociones, aprender a empatizar reconociendo las emociones de los demás, y otras propuestas que muchos psicólogos (no digo todos porque lo ignoro), propugnan para acometer ya desde la infancia.

Y es que, ya que de todo hay que aprender, nada mejor que hacerlo de aquello que más nos va servir para ser felices.

Y, tampoco sabría saber decir bien por qué, pero me apetece cerrar esta entrada con un poema que desde pequeño me ha encantado, y del que, pese a acumular múltiples traducciones, ninguna acaba de convencerme como para optar por algo que no sea la versión original:

 

IF  –  Rudyard Kipling (1895)

If you can keep your head when all about you
  Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you,
  But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
  Or being lied about, don’t deal in lies,
Or being hated, don’t give way to hating,
  And yet don’t look too good, nor talk too wise:

If you can dream—and not make dreams your master;
  If you can think—and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
  And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
  Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
  And stoop and build ’em up with worn-out tools:

If you can make one heap of all your winnings
  And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
  And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
  To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
  Except the Will which says to them: “Hold on!”

If you can talk with crowds and keep your virtue,
  Or walk with Kings—nor lose the common touch,
If neither foes nor loving friends can hurt you,
  If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
  With sixty seconds’ worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that’s in it,
  And—which is more—you’ll be a Man, my son!

 

Por cierto, si algún lector se está preguntando qué hace un fisioterapeuta hablando de emociones, puede ser que realmente no conozca la verdadera realidad detrás de nuestra praxis diaria,…

 

Deja un comentario