Herboindestructibilidad

  • 1 septiembre, 2013

Este fin de semana, el más animado de las fiestas de mi querida Alaquàs, como todos los años, hemos contado con una frondosa feria medieval que ha decorado las plazas y calles de la vila para goce y disfrute de los viandantes: gansos, burros, camellos (animales todos ellos, me refiero), junto a cetreros con sus lechuzas y halcones, juegos de habilidad, actores interpretando grotescos personajes o pseudobatallando con espadones, y por supuesto infinidad de tiendas.

Carlos López Cubas OSTEON Alaquas Fisioterapia ciatica y lumbago

La feria acostumbra mostrarse salpicada de puestos que ofrecen diferentes productos, como útiles de artesanía, juguetes de madera, bebidas exóticas, alimentos cocinados al límite de lo sanitariamente permisible pero de encantadoras fragancias, y una suerte de utensilios cuya dudosa utilidad, año tras año, no termino de comprender.

Y, como en toda feria medieval que se precie, también hay lugar para la magia (brujería en ocasiones), el esoterismo (oscurantismo en ocasiones) y la pseudociencia. Runas, hierbas, gente que lee en las líneas de la mano o con las cartas el futuro de crédulos o aburridos visitantes.

Y, sumado a ello, y con una maravillosa estética que te transporta a los recovecos comerciales del medievo (al menos hasta que descubres al tendero sacando las cuentas en un iPad), también encontramos un esplendoroso puesto de hierbas. Este año, mientras soportaba los tirones de camisa con los que mis amados hijos me hacían sutilmente entender que preferían mudar su ubicación, le presté especial interés a tal exposición de naturaleza desecada. Y más concretamente a una cestita, que os presento en la foto, cuyo letrero en forma de maderita pirograbada y decorada con hojitas, rezaba “Ciática y lumbago”.

Algo se incomodó en mis adentros más profundos.

Mi pasión profesional por la ciática me ha hecho investigar hasta límites insalubres las complejidades de tal presentación clínica. La ciencia ha presentado y comparado paradigmas, modelos de subclasificación, tratamientos, bajo la estricta mirada de los mecanismos tisulares y del dolor como guía. ¿dolor referido o irradiado? ¿cuánto de periférico o cuánto de central? ¿cuánto de relevante en las disfunciones musculoesqueléticas o neurales asociadas? ¿anticonvulsivantes, antidepresivos, opiaceos, corticoides,…? ¿cirugía, movilización, reposo, ejercicio,…?

Mirando la cestita de las hierbas entendí lo sencillo que es pasarse todo esto por… digo ignorar los requerimientos de la honestidad y la decencia, además de la ciencia y el sentido común, para ofrecer fe en forma de hojitas secas, engañosa esperanza en forma de remedio arcaico. Quizás el post se me va de tono, pero no puedo evitar, al menos en este caso particular, encontrar la argucia mercantil de la cestita un insulto a la inteligencia y una burla a mis noches de estudio.

Levanté la vista para ver los 12 metros de mesa lleno de similares panaceas, aún estando mis adentros más profundos revolviéndose en el ímpetu del peristaltismo, y me dió por divagar. Seguro que, infusionando una pizca de todo aquello en una sola poción, y partiendo de la atrevida suposición de que al menos la mitad de los cartelitos rezaran la verdad de sus bondades, el ser que ingiriese aquello se volvería indestructible. Jamás enfermaría, y además, dada la cantidad de agua para cocinar el invento, seguro que orinaría muy bien.

Bueno, voy a relajarme que esta tarde toca cabalgata, y después feria de la tapa para volver a degustar sabrosos experimentos culinarios.

abur

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