Creer o temer

  • 6 mayo, 2013

Hace unos días vi “El origen de los guardianes“.

Los personajes principales de la película son aquellos seres a los que, transmitidos de generación en generación, y con más o menos variaciones interculturales, se han ido atribuyendo funciones como premiar la caída de los dientes con unas monedas, obsequiar juguetes por Navidad como contraprestación al buen comportamiento durante el año, elaborar dulces sueños durante la noche, o sencillamente ayudar a que los niños sean felices en diversas situaciones. El malo de la película es un siniestro y oscuro ser que representa el miedo, con las pesadillas como malvada herramienta.

La idea es que estos personajes no sólo existen en la imaginación de los niños, sino que dependen de ella para su existencia. Así, mientras los niños crean en el conejo de pascua, éste podrá seguir existiendo para regalarles coloridos huevos. Pero, por otro lado, si dejan de creer en ellos, los personajes desaparecerán. El malvado hombre del saco, repartidor de las pesadillas, subsiste mientras los niños sigan teniéndole miedo; en el momento en que dejen de temerle, quedará en el olvido.

Origen guardianes

Hoy en la consulta una paciente me ha llamado, contando como su marido se había hecho un esguince de tobillo hacía un par de semanas.

En urgencias le habían dicho que posiblemente era algo de poca importancia, quizás un grado I, le habían vendado, e indicado que fuese a su médico a la semana. Cuando el marido de mi interlocutora había acudido al médico, al parecer un lunes de ajetreo en las consultas del centro de salud, dicho médico le había sugerido que, para asegurar, mantuviese el vendaje otra semana.

La señora me aseguraba que su marido no refería dolor, ni cojeaba, y que lo único que notaba era un escozor en la piel por debajo del vendaje. He creído oportuno recomendar a la mujer que su marido retirase el vendaje y se acercase por la clínica para ver si era algo que hacía falta tratar, aunque por lo que me comentaba muy posiblemente la evolución que llevaba era de lo más normal y no debía preocuparse demasiado.

Creí haber repartido ilusión, esperanza, optimismo justificado, y con ello pensé que la tranquilidad dirigiría el juicio de la señora.

Pero la mujer se ha alarmado, no por lo que yo pensaba era una buena noticia, sino al anticipar la situación de la visita al médico a la que le insinuaba acudiese con un marido sin vendar ¿y no le sentará mal al médico si vamos y se ha quitado la venda sin su permiso? ¿qué le decimos, que un familiar que es fisioterapeuta o enfermera o algo se la ha quitado…?

Primera muestra del poder del temor. El hombre del saco, en forma de médico, reforzado por el miedo.

Yo he decidido contraatacar con ¿y no cree que ese escozor puede suponer que la piel esté dañada, y ahí dentro, con el sudor, y las veces que su marido se haya rascado, pueda estar ocurriendo algo peligroso como una herida que se pueda estar infectando?

Segunda muestra del poder del temor. El hombre del saco, en forma de fisioterapeuta, reforzado por el miedo.

A lo que la mujer ha razonado que, posiblemente, la opción no era tan descabellada, y se ha despedido con una “gracias”.

Su marido me ha llamado a la hora comentando que, quitando el dolor de la piel al retirar la venda, el pie estaba tan bien que podía incluso saltar a la pata coja. Me ha asegurado que no había hinchazón, ni heridas, y hemos quedado que salvo cambios, no era necesario que se acercase al centro.

Objetivo cumplido, pero jugando al hombre del saco…

 

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One comment on “Creer o temer

  1. miguelhd dice:

    Genial la forma de exponer el tema. Es triste, intentamos educar, quitar tópicos, dar información que convierta a los pacientes en más activos y responsables de su propia curación… pero, por desgracia, todavía hay que recurrir al hombre del saco más veces de las deseadas para conseguir algo positivo.

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