Cremas calentadoras

  • 6 agosto, 2012
Fuego OSTEON Alaquàs Carlos López Cubas

Las cremas calentadoras no calientan el músculo.

Esas combinaciones de árnica, alcanfor, mentol, y algún que otro componente,  entremezclados con una base cremosa o vaselina, a lo que más alcanzan es a irritar la piel.

Una irritación que ciertamente genera calor,  un calor superficial en respuesta a la vasodilatación periférica que nada tiene que ver con la mejora de aporte sanguíneo al músculo,  lo que efectivamente sí podríamos considerar un mecanismo de calentamiento muscular.

La sensación de calor en respuesta a la aplicación de estos potingues, para algunos descrita como agradable, lejos está por tanto de sustituir al efecto de un buen ejercicio de calentamiento previo a un entrenamiento o una competición; algo que parecen no conocer la mayoría de deportistas que, sobre todo en invierno, utilizan estos bálsamos para escaquearse de los ejercicios de calentamiento (entre ellos la para algunos odiosa carrera continua) antes de un partido o una carrera.

De cualquier modo,  si encuentras reconfortante la sensación de calor superficial tras la aplicación de estos productos,  al menos acepta este consejo: no los apliques cerca de axilas o ingles, y siempre lávate bien las manos tras su uso. Piensa que durante el entrenamiento es frecuente utilizar los manos para limpiar el sudor de la cara, y el contacto del árnica con los ojos no suele resultar placentero.

Recuerdo en una media maratón a un corredor que se lanzó a una acequia para refrescar, con manifiesta premura, sus partes pudendas. Posteriormente me enteré que había utilizado las cremas en los aductores, y al sudar la irritación debió extenderse al área genital, una dramática forma de aprender la lección.

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