El jardín olvidado

  • 18 enero, 2012

La deformación profesional nos ofrece en ocasiones la posibilidad de disfrutar, o a veces verse estorbado por, nuevos mensajes en aquello que escuchamos, vemos o leemos.

Algo así ha debido ocurrirme con una maravillosa novela que cayó en mis manos recientemente, recomendada por una paciente: “El Jardín Olvidado”, de Kate Morton.

Es una obra profunda y misteriosa, en la que varios momentos de una misma historia se suceden y superponen con maestría, conduciendo a un final que bien podría ser un principio. Me ha encantado…

La influencia de los factores de riesgo psico-social en relación con el dolor infantil, una de las ideas que cimentaron mis Cuentos Analgésicos, aparece (o al menos así me parece) en un pasaje de la obra.

Os pongo en situación: Cassandra, una niña de 4 años en ese momento de la historia, está jugando, algo retirada de su abuela y su madre, que discuten, minutos antes de que su madre la abandone, y la deje a vivir con su abuela.

Cassandra la hizo rodar —un aterrizaje perfecto en medio del primer cuadrado— y comenzó a saltar. Estaba en el número siete cuando la voz de su abuela, aguda como un vidrio quebrado, le llegó desde el piso superior.
—¿Qué clase de madre eres tú?
—No peor de lo que tú fuiste.
Cassandra permaneció inmóvil, balanceándose en una pierna en medio del cuadrado, mientras escuchaba. Se hizo el silencio, o al menos hasta donde pudo oír. Lo más probable es que hubieran vuelto a bajar la voz, recordando que los vecinos estaban a apenas unos metros a cada lado. Len a menudo le recordaba a Lesley cuando discutían que no ayudaría el que unos desconocidos estuvieran al tanto de sus asuntos. No parecía importarles que Cassandra escuchara cada una de sus palabras.
Comenzó a balancearse, perdió el equilibrio y apoyó el otro pie. Fue sólo por un segundo, pero luego volvió a levantarlo. Incluso Tracy Waters, que tenía fama entre las niñas de quinto grado por ser la más estricta de las juezas de rayuela, lo habría permitido, le habría dejado continuar su vuelta, pero Cassandra había perdido el entusiasmo por el juego. El tono de voz de su madre la había alterado. El vientre había comenzado a dolerle.
Tiró a un lado la piedra y se apartó de los cuadrados.

2 comments on “El jardín olvidado

  1. Arturo Such dice:

    Es curioso como los escritores y artistas en general tienen estos aspectos bastante más claros (o por lo menos antes) que muchos profesionales: así en los libros de Posteguillo los soldados luchan con más vigor y sienten menos hambre, cansancio y dolor cuando lo hacen en su propio territorio o defendiendo sus familias y cosechas que al contrario. Marilyn Manson hace una serie de dibujos sobre el dolor y le da la misma importancia a los aspectos físicos como psicosociales del mismo…

    Lo que no tengo tan claro es, y esto podría ser una incongruencia, si son capaces de escribir con sentido sobre ello, pero no de aplicarlo cuando perciben el dolor ellos mismos, no pudiendo entender la naturaleza del mismo desde este prisma.

    1. Lo que ni si quiera tengo yo claro es si nosotros, educadores en esto del dolor, obtenemos algún beneficio a la hora de construir nuestras percepciones de dolor…

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