Síndrome del Túnel Carpiano

  • 16 noviembre, 2011
Voy a intentar explicar, para todos los públicos, qué es el Síndrome del Túnel Carpiano. 
El nervio mediano es uno de los nervios principales del miembro superior. Se forma a partir de la unión de varias raíces nerviosas del cuello, pasa por debajo de la clavícula y sigue su camino por la cara interna del brazo. A partir de la flexura del codo, el nervio empieza a dar ramas, para llegar a músculos y áreas de piel del antebrazo y la mano. 
La función primordial de los nervios es conducir estímulos, para lo cual contienen largas células llamadas neuronas, protegidas por varias capas de un resistente tejido similar a los ligamentos que protegen las articulaciones. Este tejido conjuntivo permite a los nervios adaptarse a los movimientos que hacemos, y seguir cumpliendo su función de conducción pese a la presión y tensión a la que los someten los músculos, huesos, y resto de estructuras anatómicas que los rodean. 

En concreto, el nervio mediano encuentra zonas de mayor vulnerabilidad a las fuerzas mecánicas, a la altura de su salida de las vértebras cervicales, en la musculatura de delante del cuello, bajo la clavícula, al pasar entre los músculos del antebrazo y en la cara palmar de la muñeca. Este último paso está formado por los huesos de la muñeca, que forman un túnel cerrado por un potente ligamento, y por el que pasa, acompañado por los tendones que flexionan los dedos, el nervio mediano; es el llamada Túnel Carpiano.

La relación del nervio mediano con el Túnel Carpiano permite que, en condiciones normales, y para adaptarse a los diferentes movimientos del brazo, el nervio pueda deslizarse longitudinalmente hasta 2 cm, y unos 3 mm de forma transversal. Al extender los dedos de la mano, el nervio también llega a deslizarse 1 cm por el interior del Túnel Carpiano. Estos movimientos del nervio a través del túnel se realizan sometidos a una determinada presión, que es mayor en las posiciones de flexión y extensión máxima de muñeca.

En condiciones normales el nervio mediano consigue llevar la información de la mano al cuello sin problemas, en cualquier posición del cuerpo. Pero en ocasiones, bien por una mala salud previa del nervio (infecciones, traumatismos,…), o bien por una compresión mantenida o repetitiva, o al dejar el nervio expuesto a excesos de tensión, causantes los dos casos de un mal aporte de sangre al nervio, la función del mediano empieza a deteriorarse.

El nervio ve mermadas sus capacidades de adaptación mecánica, y se producen una serie de cambios que dejan al nervio más sensible. De esta forma, situaciones de compresión hasta ese momento normales, como las que ocurren dentro del Túnel Carpiano, empiezan a resultar más incómodas para un nervio ahora más asustadizo. Tareas como escribir en un teclado, usar unas tijeras o abotonarse la blusa, desencadenan sensaciones extrañas en la mano, tipo hormigueo, calor e incluso dolor.

Esta situación de mayor sensibilidad se relaciona a su vez con procesos inflamatorios, que aún aumentan más la presión y por tanto privan más de sangre al nervio. También ocurren cambios más allá del propio nervio y sus tejidos vecinos: el cerebro también se vuelve hiperexcitable en respuesta a la anómala situación, participando así en la aparición de síntomas. Y, si la situación se mantiene en el tiempo sin quedar resueltos los compromisos mecánicos, el nervio puede empezar a dejar de conducir estímulos, un déficit neurológico que puede suponer la atrofia de musculatura en la mano, zonas sin sensibilidad en la piel, y, en definitiva, pérdida de función de la mano.

El Síndrome del Túnel Carpiano fue descrito allá por los 50 para englobar estas características clínicas, y actualmente, al menos en EEUU, lo padece un 5% de la población, sobre todo mujeres. La orientación terapéutica del Síndrome del Túnel Carpiano, hasta el momento excesivamente farmacológica y quirúrgica, está evolucionando hacia un abordaje más basado en el movimiento y la educación.

El movimiento, y más en concreto las técnicas neurodinámicas, permiten al nervio mediano recuperar sus capacidades de deslizamiento con respecto a los tejidos que lo rodean, y más en concreto en el interior del Túnel Carpiano. Los fisioterapeutas también aplicamos técnicas manuales dirigidas a “abrir” los túneles, a liberar progresivamente la presión que éstos ejercen sobre el nervio, permitiendo así que vuelvan a recibir sangre para cumplir sus funciones.

Esta serie de movilizaciones también ayudan a devolver la sensibilidad del nervio mediano a la normalidad. De esta forma, la aparición de síntomas molestos cada vez va quedando relegada a situaciones más agresivas, es decir, hace falta abusar más para que empiece a molestar. Si al inicio del tratamiento, con 10 minutos frente al ordenador la mano empieza a dormirse, tras algunas sesiones, y realizando los ejercicios para casa indicados, es posible que no aparezcan hasta las 2 horas.

La educación, también herramienta terapéutica indispensable en el tratamiento del Síndrome del Túnel Carpiano, puede aportar modificaciones a la hora de realizar los gestos laborales o deportivos desencadenantes de la molestias, y sobre todo ayudar a entender el por qué de los síntomas y la forma en que el tratamiento persigue su resolución.

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