Cuentos Analgésicos

  • 13 octubre, 2011

La educación acerca de las redes neuronales implicadas en una experiencia de dolor, ha demostrado ser una herramienta de utilidad vital en el manejo del dolor crónico. Principalmente cuando éste ha dejado de ser un indicador ecuánime del estado de salud de los tejidos sobre los que se proyecta ese dolor. Conocer los mecanismos neuronales implicados en la producción del dolor, ayuda al cerebro del paciente a reajustar su respuesta de dolor de forma más coherente y justificada.

La infancia es el momento de mayor plasticidad neuronal. Es una etapa en la que la sed de estímulos y la adaptabilidad del Sistema Nervioso permiten una infinidad de aprendizajes, más o menos complejos, más o menos adecuados. Los estímulos van a permitir al cerebro equilibrar las percepciones para entender la realidad, y generar respuestas acordes.

Una reflexión subyace de todo ello para moldear la idea que me animó a escribir este libro: si la educación acerca de los mecanismos neuronales del dolor ayuda a los pacientes cuyos cerebros juzgan a su propio cuerpo con tal errático temor que condicionan respuestas de desproporcionado dolor, ¿acaso no será más eficaz en cerebros más maleables y dispuestos al aprendizaje, con menos prejuicios y menos vaguedades memorizadas acerca del dolor?

Estoy plenamente convencido de que el esfuerzo por ofrecer una correcta educación acerca del dolor, mediante comportamientos de dolor equilibrados y argumentos procedentes correctamente transmitidos, debe resultar en una futura capacidad de generar experiencias de dolor saludables en el niño. Puede ayudar a capear las situaciones que derivan en procesos viciosos de innecesaria magnificación y producción de dolor.

Este convencimiento constituye el hilo conductor de unas páginas dirigidas a los profesionales relacionados con infantes (principalmente sanitarios y docentes), y sobre todo, a los padres interesados en comprender el dolor para transmitir con fidelidad estas ideas a sus hijos.

Unas páginas acerca del dolor, con la educación, el ejercicio, la relajación, la distracción y la imaginación como herramientas propuestas ante el dolor infantil, y con el cuento como vehículo del mensaje.

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