Cáncer (I)

  • 31 marzo, 2011
____________________________________________________________________________
Los fisioterapeutas formados en neurobiología del dolor estamos preparados para reconocer y abordar el dolor crónico relacionado con los procesos de Sensibilización Central.
La neurociencia nos aporta argumentos para entender la continuidad en la experiencia dolorosa de nuestros pacientes, pese al estado de salud de los tejidos en los que se proyecta.
Ahora bien, la importancia de un buen diagnóstico para respaldar estos abordajes del dolor es especialmente necesaria en estos casos.
Dado que muchas veces somos los fisioterapeutas los profesionales sanitarios que en primera instancia nos encontramos con estos pacientes, resulta de vital importancia conocer aquellos cuadros clínicos cuya malinterpretación, por semejanzas en la presentación de los síntomas, puede despreciar la presencia de posibles entidades patológicas de gravedad, y retrasar con ello la remisión al especialista oportuno.
He pensado que dedicar algunas entradas a estas entidades clínicas, puede ayudarnos a sospechar de ellas, para con ello derivarlas con mayor celeridad.
____________________________________________________________________________

Cáncer (I)

Los fisioterapeutas somos los profesionales sanitarios que con más frecuencia nos enfrentamos al dolor como problema en nuestros pacientes. Dada la elevada incidencia del cáncer en la población (se calcula que una de cada tres personas presentará en algún momento de su vida un proceso maligno potencialmente mortal, y en la actualidad es, después de la cardiopatía, la causa de muerte más frecuente), y dada la concomitancia de dolor en determinados cuadros de cáncer (el 30% de los pacientes de cáncer desarrolla un proceso de dolor en algún momento de la enfermedad), podemos afirmar que los fisioterapeutas nos enfrentamos a la patología cancerosa con una frecuencia más alta de lo que aparentemente somos conscientes.

Creo que son datos que deben impulsarnos a ampliar nuestras nociones acerca del cáncer y de su incidencia, y sobre todo a reconocer aquellos signos que, dentro de una exploración física, nos advierten de su presencia.

En esta y consecutivas entradas vamos a revisar los indicativos de alarma que deben llamar la atención hacia un posible proceso maligno. Señales que, desde la prudencia, deben invitarnos a remitir al paciente a un estudio más específico, preferentemente por un oncólogo.

Mejor empecemos por el proceso de anamnesis.
En la consulta, antes de realizar la exploración física, y dentro del examen subjetivo, una correcta interpretación de la entrevista con el paciente puede ya advertirnos de la presencia de un cuadro oncológico.
Algunos de estos indicativos, extraídos del relato de nuestro paciente, son principalmente:

  • Variaciones en hábitos de micción o defecación.
  • Úlceras que no cicatrizan.
  • Hemorragia o flujo no habitual.
  • Engrosamiento o bulto en la mama u otro lugar.
  • Dificultad para tragar o indigestión prolongada.
  • Variaciones evidentes en una verruga o lunar.
  • Tos o ronquera persistente.

Son todas buenas razones para intuir, teniendo además en alta consideración la historia familiar de cáncer, que algún proceso o crecimiento anormal puede estar dándose en el paciente, y es función del oncólogo determinar su importancia. Como fisioterapeutas, es nuestro deber reconocer y derivar.

A este respecto, y para cerrar esta primera entrada, la British Journal of General Practice publicó recientemente los resultados de un estudio en que cruzaron los resultados de 25 estudios anteriores, obteniendo como conclusión los siguientes 8 predictores de cáncer:

  • presencia de sangre en la orina,
  • anemia,
  • sangre en el recto,
  • bultos en las mamas,
  • tos acompañada de sangre,
  • dificultad al tragar,
  • sangrado vaginal después de la menopausia,
  • resultados anómalos en las revisiones de próstata.

Deja un comentario