El caballo y el cabaret

  • 18 diciembre, 2009

¡Movamos nuestros ciáticos!

Todo el mundo en pie, que vamos a caminar.
Cerremos primero los ojos, y visualicemos esos engalanados caballos que, con elegantes maneras, marchan al paso adelantando sus patas delanteras.
Y ahora, con altivez y orgullosa postura, alarguemos la zancada, subiendo primero la rodilla, y posteriormente llevando el pie adelante a la altura de la rodilla, y con la pierna bien recta y elevada, bajémosla con decisión de nuevo al suelo.
¿Veis a Bob ahí delante?
Sigamos pues, golpeando hacia arriba, con cariño, a Bob; izquierda-derecha, izquierda-derecha, sin dejar que caiga al suelo.
Si alguien se siente un pura sangre, puede incluso relinchar: si la vecina de enfrente piensa cosas extrañas al veros jugar con una pelota invisible y gritando Hiiiiii!, mientras andáis de forma grotesca por la casa, es problema suyo.
Y ahora, con más alegría, abracémonos todos hombro con hombro, sonrisa de oreja a oreja, y, oh cabaret, cabaret, elevemos la pierna derecha hacia la izquierda, y luego la izquierda hacia la derecha. ¡Bien arriba esas piernas!
Es el momento de cantar fuerte
Oh cabaret!, Oh Cabareeet!!, Oh cabareeeeet!!!
Qué hermosura, qué momento.
Descansemos, nos relajamos, y ahora es el momento de ir a tranquilizar a la vecina.
Un apunte final, algo así como la disculpa del final de los anuncios de fármacos (hace tiempo que no veo la tele, pero era algo así como en caso duda (…) consulte con su médico o farmacéutico).
Debo aclarar que estos ejercicios, que he inventado en un momento de emotiva ilusión prenadalenca, pueden estar contraindicados en tres casos:
  • Ciatalgias agudas y muy dolorosas, en las que la suma de elevación de la pierna recta y aproximación de cadera pueda despertar muchas alarmas.
  • Gente aburrida y sin sentido del humor.
  • Varones cuya virilidad pueda verse seriamente afectada por la rápida transición de pura sangre a jovial cabaretera.
¡Felices fiestas a todos!

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