Mi agenda

  • 8 noviembre, 2009

Ayer compré mi agenda 2010.

No fue fácil, porque estando como está el tema de la prescripción de recetas…
Me explico.
Parece ser que Colegios de enfermeras, fisioterapeutas, podólogos y no se quien más, ansían el poder de recetar, y han apretado al Congreso para que se los conceda. Nuestros colegios (fisioterapia), también al parecer, han sido ignorados con una política sonrisa y amable palmadita en la espalda. Y ahora están en la fase de justificado pataleo.
Los periodistas, que para eso cobran por ello, lo cuentan todo muy bien aquí.
El tema me ha hecho pensar,…
La capacidad de recetar medicamentos antiinflamatorios, miorrelajantes y alguna que otra chuchería afín, ¿qué va a suponer para el fisioterapeuta?
A los osteópatas americanos creo que les sirvió para no tener que esforzarse en levantarse de la silla y empezar a prescribir estas golosinas. Fue una sonora bofetada a la práctica clínica de la terapia manual.
También podría ser que esta herramienta, bien dosificada, ampliara las posibilidades terapéuticas de los fisioterapeutas si lo integramos con elegancia al razonamiento clínico.
No sé, no sé. Actualmente me preocupa más el tema de mi agenda, porque igual ha malgastado 10,95€.
Porque lo que está claro es que, en caso de que la rabieta de nuestros colegios surta efecto, pronto podremos recetar. Y las compañías farmacéuticas oirán las campanas, frotarán sus manos, y moverán palancas. Y con ello vendrán sus “recomendadores” de lo que debemos recetar. ¡Y con ello las hermosas agendas de piel!. ¡Esas perfectas, maravillosas y olorosas agendas de curtida piel vacuna!
Ufff!, ¡que hago yo ahora con la mia!
Por cierto, y casi a modo de postdata, después de 48 minutos y 4 atentas dependientas, acabé comprando la misma agenda que he usado este año, pero con un “2010” en la portada.
Gracias (o perdón…) a las dependientas por su inconmensurable paciencia. El año que viene, aunque pueda recetar, volveré.
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