Marcianos bien despiertos

  • 21 septiembre, 2009

En la novela La guerra de los mundos, H.G. Wells recrea una invasión extraterrestre en el Londres de la época de los ómnibus y carros de caballos, allá por 1900. Esta obra resultó revolucionaria por el realismo de una narración en primera persona y la variedad de detalles que en su momento parecían hacer dudar al lector de la naturaleza de la historia. Fue magno también el sobresalto de los oyentes que lo escucharon por la radio hace 71 años, de voz de un inspirado y vociferante Orson Welles, cuya compañía radiofónica se excedió en empeño al versionar la historia.
En un pasaje de la novela, el autor describe minuciosamente las diferencias entre los marcianos, seres más evolucionados, y los humanos.
Los marcianos son repulsivos seres cabezones que han desarrollado un gran cerebro y prescindido prácticamente de un cuerpo, ya que la locomoción la desarrollan a partir de máquinas por ellos creadas. La única parte que sí ha evolucionado es la mano, que en ellos pasa a ser un grupo de horrendos tentáculos que cubre la función de expresión del cerebro. Ni un problema hasta el momento: la mano por tentáculos, bien, pero reconociendo que es en pro de un perfeccionamiento.
Sigue la descripción anatómica de estos seres haciendo alusión a la ausencia de sistema digestivo: no comen ni defecan porque por una especie de canulilla absorben directamente la sangre de los seres inferiores (véase en este caso nosotros los humanos, y en su Marte natal otros seres mantenidos como carnaza). El autor defiende que en realidad es una comodidad porque la finalidad de todos los órganos y glándulas humanas relacionados con la digestión acaban sirviendo para generar sangre, así que, ¿por qué no dejar que otros la fabriquen y adquirirla directamente de ellos? Es más, como recurso literario le da un toque terrorífico y todo.
Por último, y pasando de momento por alto las referencias a la asexualidad de los marcianos, H.G.Wells decide hacer referencia a la ausencia de necesidad del sueño. Aquí es donde me desmontó la ya poca veracidad que iba teniendo la obra, y es que la justificación de ello la hace en relación con la práctica nulidad de su sistema músculo-esquelético. Si no hay músculos, no hay fatiga, y por tanto no es necesario dormir… ¿? Más bien, con esos macrocerebros pienso yo que deberían dormir el doble, ya que es el sistema nerviosos el principal solicitante de horas de sueño reparador, y no los músculos.
Y para acabar, y aunque suene a chiste fácil, sin las delectaciones relacionadas con una buena comilona, el sexo y el buen dormir, espero que estos marcianos bien recibieran grandes alegrías succionando sangre, porque en caso contrario deberían directamente replantear su evolución. Con razón les daba por invadir planetas ajenos con esa mala leche.
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