La lengua del hipogloso

  • 9 septiembre, 2009

Los nervios raquídeos emergen de la columna vertebral con una simetría y cadencia casi elegante. Retirando el resto de tejidos del cuerpo observamos como asemejan ramas que de forma ordenada salen de la médula. Es la forma que la naturaleza ha encontrado para comunicar las distintas partes del sistema nervioso con el resto de la anatomía.
Esta armónica distribución pierde ritmo y consonancia en la cabeza. Y es que es la cabeza la que siempre acaba complicándolo todo…
Dentro del cráneo los nervios que emergen del sistema nervioso central (lo que abajo está representado por la médula y aquí pasa a ser troncoencéfalo) se dirigen a sus tejidos y órganos diana siguiendo sinuosos, en ocasiones angostos, recorridos. Son llamados nervios o pares craneales.
Contamos con 12 pares craneales, y se encargan de todo lo que en el resto del cuerpo hacen los nervios raquídeos: comunicar para permitir el control de la sensibilidad, motricidad, control autonómico,… En el caso de los pares craneales, mover la cara y lengua, la sensibilidad de la cara, las funciones sensoriales (vista, olfato, gusto, audición), las secreciones glandulares,…

En esta ocasión voy a hablar del nervio hipogloso, el primer par craneal que nos encontramos al llegar a la cabeza si accedemos desde la médula. Es el XII par craneal, ya que clásicamente se enumeran desde arriba, y dejan al hipogloso en último lugar.

Este nervio se encarga de toda la motricidad de la lengua. Las principales funciones en las que el movimiento de la lengua sea un componente importante se ven afectadas en caso de lesión de este nervio: la pronunciación de los sonidos linguales y remoción de los alimentos en la boca.
El test rápido del nervio hipogloso que desarrollo cuando sospecho la afectación de este nervio (algo poco frecuente en la práctica clínica diaria, desde luego) es pedir al paciente que repita “Natalia y Lady Di”, y pedir al paciente que saque la lengua (“como si te burlases de mí”). Una asimetría (que la lengua se desvía hacia un lado) ya obliga una exploración más fina, por ejemplo ejerciendo resistencia a los movimientos laterales de la lengua con un depresor lingual, antes de remitir al neurólogo en caso de considerarlo oportuno.

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