Músculos y cerebro

  • 18 junio, 2009

La actividad muscular, mediada por el sistema nervioso, nos permite relacionarnos con el medio en el que vivimos.
Podemos interpretar la expresión de esta actividad muscular como una sugerencia acerca de la respuesta que el cerebro determina, acorde a esa función de relación. Ello es debido a que es el cerebro el que permite la libertad y calidad de la expresión muscular.
Si los músculos no funcionan bien, si su actividad es diferente a lo que debiera ser, algo falla, y debemos plantearnos qué es.
La expresión facial, el tono de la voz, la forma de levantarnos de la silla, o de andar, o la actitud postural adoptada al trabajar, son ejemplos de actividades determinadas por la función muscular. La alteración del movimiento en estas actividades debe ser interpretada desde una perspectiva amplia.

Asumiendo, cuando un músculo no funciona bien, que la lesión está inequívocamente en el músculo, fácilmente se queda uno descansado. Y más fácilmente aún deja invitada a la preocupación cuando un tratamiento dirigido al músculo no provoca cambios en esa función alterada.
Hagamos un análisis más profundo de la situación: el sistema nervioso recoge información del propio cuerpo y de su entorno, la filtra, y selecciona lo que le resulta interesante. Esa información se une en el cerebro a los aspectos cognitivos, emocionales, a la memoria de las experiencias anteriormente almacenadas, y el cerebro procesa el conjunto para generar una respuesta a varios niveles: simpática, parasimpático, dolor, endocrina, inmunológica, y por supuesto motora.

Unas reflexiones para terminar: la expresión facial de tristeza la atribuimos normalmente al desacondicionamiento psicológico, a la tristeza, y no a una debilidad de los músculos platismáticos y de la mímica; la capacidad de saltar esa valla tan alta, con un perro ladrando detrás, la justificamos sin dudar al miedo a que nos muerda; la actitud de flexión de columna tras una ingesta copiosa la relacionamos con el dolor que insinúa problemas viscerales y recomienda que estemos quietecitos,… entonces, ¿por qué cuesta tanto atribuir un dolor cervical con hipertonía de trapecios a algo que no necesariamente sea el cuello y los famosos trapecios?

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