Absurdalgia

  • 29 enero, 2009

Allá va una bonita historia real.
Mi paciente M. acudió con un dolor en metatarso que le provocaba cojera desde hacía 3 meses. Sin abundar en tecnicismos, tras una extensa anamnesis y exploración física, le explico a M. que posiblemente haya un problema de distribución de cargas y que algunas estructuras relacionadas necesiten más movilidad y elasticidad.
Conforme progresa el tratamiento, vamos hablando del nervio peroneo profundo, cuya neurodinámica mejoramos con determinadas movilizaciones, la fascia plantar, que mejoramos con trazos neuromusculares y estiramientos, la función de los músculos de la cadena posterior, sobre todo los gemelos que estiramos con técnicas de energía muscular, el equilibrio en los rangos de movilidad accesoria articular en rodilla, tobillo y pie, que tratamos con manipulaciones osteopáticas, los mecanismos del dolor, que abordamos con educación, y aderezamos todo con un programa de ejercicios para casa.
M. evoluciona favorablemente a partir de la tercera sesión, y tras la sexta le doy el alta, con advertencias en cuanto a sus actividades de la vida diaria, recomendaciones acerca del calzado y precauciones respecto a los posibles signos de alarma a los que debe atender y requiera pronta atención para evitar recaídas.
M. ya no cojea, ni siquiera tiene dolor al poner el pie por la mañana en el suelo después de dormir, y refiere con franqueza su satisfacción con el curso del tratamiento.
Dado la premura en las citas a especialistas, a las que nos tienen acostumbrados, M. acude a la semana al traumatólogo, cita que ya tenía cogida desde antes de empezar el tratamiento conmigo, y a la que decide acudir para confirmar, desde otro punto de vista, que todo anda bien.
Por la tarde recibo su llamada (le había pedido que me reportara su visita para sumar la opinión del traumatólogo a mis impresiones), y me comenta que le había diagnosticado una metatarsalgia. Ante la ausencia de sorpresa por mi parte con el relato, M. alude alarmada a la etiqueta diagnóstica. “Carlos, tú no me habías dicho que tenía una matatarsalgia”, a lo que arguyo “Claro, M., porque eso ya me lo habías dicho tú el primer día”, pasando a explicarle lo siguiente:
Algia significa dolor (según la mitología griega, algos era un demonio que personificaba la pena y el dolor, físico y emocional), y lo que antepongas al término no es más que la referencia anatómica. Tenemos pues que lumbalgia es dolor lumbar, dorsalgia es dolor dorsal, omalgia dolor de hombro, cervicalgia dolor de cervicales, artralgia dolor de articulaciones, mialgia dolor de músculo, neuralgia dolor del nervio, odontalgia dolor del diente, y por lo tanto, metatarsalgia dolor de metatarso.
Es absurdo, por reiterativo, intentar diagnosticar a un paciente que tiene dolor en metatarso con lo de metatarsalgia. Estás diciendo lo mismo, pero igual.
El diagnóstico debe atender e intentar explicar los procesos que están ocurriendo en los tejidos, si es posible encontrar la fuente anatómica de las molestias, y razonar los mecanismos de dolor en progreso. Analizar si el proceso es nociceptivo isquémico, como la molestia en trapecios tras horas delante del ordenador, o un proceso más central, como una sensibilización ante un cuadro crónico, si es un determinado tendón inflamado por sobreuso en una postura inadecuada,… Y si, además, se completa el diagnóstico con algunas ideas acerca del pronóstico, las precauciones, contraindicaciones, factores predisponentes, ideas acerca de la selección y desarrollo del tratamiento, entre otras, pues mucho mejor.
Pero no se debe aceptar un diagnóstico basado en la mera ubicación del dolor referido por el paciente, ya que realmente solo se está poniendo una palabra más rimbombante a algo conocido.

Por cierto, si el lector avispado se pregunta que hay de bonito en la historia real que prometía al inicio del artículo, le felicito por su perspicacia, y me disculpo por la mentirijilla, pero era un gancho para animar a leer un texto tan largo con un título así, sorry!

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One comment on “Absurdalgia

  1. MARÍA GARCÍA BERLANGA dice:

    tiene su gracia…pero bueno es también una forma de acertar siempre con el diagnostico,lo tendré en cuenta..jajajja! María

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