Salud representacional

  • 22 octubre, 2008

Para comprender las acepciones de la “salud representacional” es necesario entender dos conceptos fundamentales de la neurociencia; la somatotopía y la neuroplasticidad.
Comenzamos con la somatotopía. El cuerpo está representado en el sistema nervioso, ordenado acorde a las relaciones de las diferentes partes del cuerpo. Partes adyacentes de la anatomía están representadas en zonas adyacentes de la corteza cerebral (y otras partes del sistema nervioso): la porción de sistema nervioso encargada de procesar lo que ocurre a nivel sensitivo o motor en el pie se encuentra al lado del conjunto de neuronas que gobiernan la zona de la rodilla.
La sensibilidad de las diferentes partes del cuerpo se recoge en el córtex cerebral en zonas más o menos amplias dependiendo de los requerimientos de sensibilidad de cada zona. La ilustración de esta distribución la encontramos en el homúnculo sensitivo cortical primario (Penfield & Boldrey 1937), un grotesco hombrecillo proporcionado acorde a la cantidad de área cerebral necesaria para procesar la sensibilidad de cada zona: las manos y lengua grandes, y el tronco y brazos delgaduchos. También existe el homúnculo motor cortical (Nudo 1996), equivalente al anterior pero acorde al área de cerebro empleada en el control motor de cada zona.
Las representaciones no son fijas, son bastante plásticas, lo que nos introduce el concepto de neuroplasticidad.
Las neuronas, tras el nacimiento, dejan de replicarse. Nacemos con un determinado número de neuronas, y aunque algún estudio dice que alguna que otra nueva neuronilla se genera de vez en cuando, lo cierto es que el ser humano ha optado por intoxicarse lo suficiente como para afirmar que cada día tenemos menos neuronas. Aún así, y para cumplir su multiplicidad de funciones, diversos mecanismos hacen del sistema nervioso un sistema muy adaptable, esculpido en base a la respuesta a las aferencias externas (los estímulos que recibimos) y al aprendizaje sobre las variaciones en la función homeostática (los sistemas de control y equilibrado de las funciones corporales). Lo que vemos, oímos, aprendemos, y lo que hacemos en respuesta a ello es la base de la adaptación. De forma poética expresan Ramachandran y Blakeslee como (…) sin respuesta, la cognición deviene inadaptativa, alucinatoria. Ilusiones que sólo la conducta puede deshacer.
La neuroplasticidad permite así los cambios representacionales. Un claro ejemplo lo encontramos en el dedo índice del lector en Braille (Pascual-Leone 1993). La neuroplasticidad permite al invidente incrementer el área sensitiva correspondiente al dedo índice (hallaríamos un homúnculo sensitivo igual de feo que el del resto de personas, pero con el añadido de un dedo índice gigante), además de quizás misceláneas conexiones con las áreas cerebrales de la visión y del lenguaje. El dolor del miembro fantasma (Flor 1995) es otro ejemplo, mucho menos positivo y productivo, de reorganización neuroplástica representacional,
La salud representacional incluiría las técnicas necesarias para restaurar la corrección en las representaciones alteradas, un problema íntimamente relacionado con algo tan frecuente como los mecanismos de sensibilización central y el dolor crónico. El componente principal de los procesos maladaptativos de dolor aparece como una memoria, huella o representación (neurotag) a nivel del sistema nervioso central. Suelo explicar esto a mis pacientes pidiéndoles que imaginen que su experiencia de dolor se ha resumido en un post-it, y algún simpático ha decido pegarla bien en el área del cerebro encargado de la función que ha estado alterada por ese proceso de dolor. De esta forma, cada vez que se solicita esa función, el recordatorio que supone ese post-it anima a añadir un poquito de dolor al gesto o función. El abordaje terapéutico de estas memorias de dolor es un reto de, entre otros, el fisioterapeuta, que debe aprovechar la neuroplasticidad para reeducar a un sistema nervioso central desorientado en la compleja faena de organizar la percepción del dolor.

One comment on “Salud representacional

  1. PiLi dice:

    La educabilidad del ser humano va cogida de la mano de esa neuroadaptabilidad; de no ser así, el aprendizaje y las adaptaciones al entorno que nos rodea serían inexistentes, y con ello la supervivencia del ser humano.

    La plasticidad de la mente de un bebé es el mayor poder del que dispone para su desarrollo. He ahí la importancia del contexto familiar para el crecimiento de un niño o niña. Cuando en una casa todos los estímulos redundan en cuatro gritos diarios de media o cuando, por el contrario, los progenitores disponen de medios y conocimientos para asegurar el mejor de los entornos de enriquecimiento sensorial.

    Luego, si eso, hablamos de igualdad de oportunidades…

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