La bicicleta estática estática

  • 12 marzo, 2008

Ejemplo de bicicleta estática, estática

La bicicleta estática en una herramienta fundamental en todo hogar. El asiento (regulable en altura) es muy útil como revistero. El manillar (también regulable en altura e inclinación) es el sustituto ideal de un galán de noche: perchero y pantalonero sin igual. En esos días de lluvia, y especialmente pensado para aquellos hogares sin secadora, los múltiples salientes de la bicicleta estática permiten tender de forma eficiente la práctica totalidad de la colada. Y para las ocasiones en que el número de invitados a cenar supera nuestras previsiones, contaremos con un vanguardista asiento auxiliar.

Es la opción estrella en las épocas “antimichelines”: después de Navidad y antes del verano. La gente la adquiere con ilusión, como aquellos que comienzan los superinteresantes coleccionables de septiembre (los 100 soldaditos de plomo, construya un barco del siglo no se cuantos, la casita “original” de muñecas, y cosas por el estilo).

Una vez comprobado el hecho irrefutable de que eso de peladear cansa, la persona pasa a encontrar cada vez excusas más plausibles para evitar hacer ejercicio. Encabeza el ranking el socorrido “no tengo tiempo”, aunque también encontramos argumentos mucho más originales como “este modelo de bici en concreto no se adapata bien a mi”, o “sin alguien que te diga lo que tienes que hacer puede que sea incluso peligroso”, y por último “para mi que esto no debe ser bueno para la próstata”.

Total, que en 2-3 semanas la bici queda arrinconada en la habitación (época en la que atribuimos los usos comentados en el primer párrafo), y ya a los 2-3 meses queda sepultada en el trastero o balcón.

Así, y a modo de moraleja, cuando un paciente nos comente “tengo una bicicleta estática”, lo prudente será seguir preguntando acerca de su nivel de actividad físico-deportiva, porque es muy probable que una cosa no tenga que ver con la otra.

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